Hay uvas que se cultivan en medio mundo y uvas que solo entienden un sitio. La Bobal es de las segundas: nació en esta meseta, a 700 metros, con inviernos duros y veranos secos, y en cualquier otro lugar da vinos flojos. Aquí da vinos con nervio, color intenso y una acidez que los mantiene vivos años.
Durante décadas fue la uva de los graneles: mucha cantidad, poco nombre. Hasta que un puñado de bodegas de la comarca empezó a trabajarla en serio, con viñas viejas y rendimientos bajos. Hoy los tintos de Bobal ganan premios fuera y siguen costando lo que cuesta una buena botella de pueblo.
Por qué aguanta donde otras no
Tiene la piel gruesa y el racimo compacto, así que soporta el sol de julio y los hielos de abril. Madura tarde: en Utiel se vendimia en octubre, cuando en la costa ya han terminado. Ese mes de más es lo que le da la fruta madura sin perder frescura.
«Un tinto de Bobal joven huele a mora y a monte. Uno de viñas viejas, a tierra mojada y a tinaja.»
Cómo catarla
Empieza por un joven, servido fresco, con una tapa de la Ruta del Tapeo. Después, uno de viñas viejas con un gazpacho manchego. Y si te quedas a dormir, pide en la bodega un rosado de Bobal: es la versión que más sorprende a quien viene por primera vez.
La Bodega Redonda organiza catas guiadas de una hora, y varias bodegas de la DO abren fines de semana con reserva. Todas están en el mapa.


